
Vender, vender, vender.
Hoy día las
compañías de seguros son empresas muy grandes, normalmente multinacionales aunque todavía quedan algunas pequeñas aseguradoras que tan sólo trabajan en el mercado nacional. Esto no ha sido así siempre. Recuerdo que cuando yo empecé hace casi 40 años el sector de los seguros estaba muy atomizado. Había como unas 600 compañías en España, algunas muy pequeñas y localistas. Era una época bastante salvaje en la que se sucedían las quiebras, las absorciones por compañías más grandes y en la que se pretendía crecer de forma casi suicida, con políticas de tirar los precios de los
seguros de automóvil para vender y vender como fuera. Luego llegaban las inspecciones de la
DGS (Dirección General de Seguros) porque los siniestros se comían todas las reservas y no había forma de ocultarlos. Los siniestros y las sentencias en los juzgados eran a veces insostenibles. Dependiendo del juzgado las sentencias por lesiones podían llegar a decenas de millones de pesetas. Hubo alguna compañía a la que se le juntaron varios siniestros graves el mismo año y tuvo que ser vendida ya que no tenía reservas de capital suficientes para pagarlos. Y es que tenéis que recordar que antes no había carnet por puntos, los controles de alcoholemia y de velocidad apenas existían y eran mucho menos sofisticados, la gente veía normal conducir con varias copas, etc. Todo este panorama terminó dando lugar a una mala fama del sector que se resumía en la popular frase de
“las compañías de seguros a la hora de cobrar son muy rápidas pero cuando tienen que pagar no pagan nunca.”
Afortunadamente ahora las
aseguradoras son mucho más grandes y fuertes, unas han absorbido a otras, han entrado en España empresas multinacionales y entre todas han mejorado bastante la calidad de sus servicios y su imagen.
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